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3 métodos de higiene en los aseos para evitar contagios

Los aseos de las oficinas y establecimientos en general, son unas de las áreas más sensibles en lo que a contagios respecta.

El número de personas que hace uso de ellos, las superficies comunes que la gente toca o el espacio reducido del propio aseo suponen un riesgo para la salud y la higiene de los usuarios. Además de los desechos humanos, que contienen una amplia serie de bacterias y virus, por lo que su eliminación puede dar lugar a la entrada de patógenos en el entorno de la propia empresa. 

Los riesgos higiénicos pueden clasificarse en tres ámbitos en los que se puede actuar para proteger a los usuarios de las infecciones.

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Higiene del aire

Uno de los mayores peligros está ligado al hecho de tirar de la cadena del inodoro. Cuando esto sucede y el agua comienza a evacuarse, es posible que algunas gotas de agua salga despedidas hacia el exterior, depositándose en superficies como la cisterna, los pomos de las puertas e incluso en los rollos de papel higiénico. Este fenómeno es conocido como Efecto Estornudo.

Estas gotas de agua pueden ser portadoras de virus y bacterias procedentes de orina y  heces. Las gotas más grandes caen inmediatamente sobre las superficies del cubículo, pero las más pequeñas y los aerosoles pueden extenderse por todo el baño suspendidas en el aire, contaminando otras superficies.

Los aerosoles pueden permanecer en el aire del lavabo durante horas y propagarse a otras áreas del edificio al abrir y cerrar la puerta del lavabo. Una mala ventilación aumenta la acumulación de microbios en el aire, además de dejar malos olores en el aseo. 

El simple hecho de bajar la tapa del váter antes de tirar de la cadena reduce hasta 12 veces la concentración de la bacteria Clostridium Difficile en el aire, siendo una medida eficaz para evitar la presencia de partículas contaminadas tanto depositadas en superficies como suspendidas en el aire. Promover bajar la tapa del inodoro en los aseos, tendrá un efecto positivo a la hora de reducir la propagación de infecciones. 

Los malos olores en los lavabos no sólo son causados por sus usuarios, sino también por un mal mantenimiento de inodoros, urinarios, desagües o el suministro de agua. Las bacterias, el ácido úrico y la calcificación pueden acumularse, generando malos olores de forma continuada y convirtiéndose en focos de infección. Las zonas húmedas causadas por una fontanería o una ventilación defectuosa pueden también atraer el crecimiento de moho. 

Un estudio sobre los pacientes de COVID-19 en China reveló que el 55%  portaba el coronavirus en sus heces y  este estuvo presente en las mismas hasta varias semanas después del resultado negativo del paciente. Durante el brote de SARS en Hong Kong en 2003, se descubrió que el mal diseño de la fontanería de las aguas residuales y la ventilación de los cuartos de baño había contribuido a la propagación del virus por vía aérea. El resultado fue 342 casos de contagio y 42 muertes en un bloque de viviendas. Parece poco probable que eso vuelva a ocurrir, pero nos enseña que la higiene del aire es un factor fundamental para reducir el riesgo de infección por COVID-19. 

Para eliminar las partículas de bacterias y virus en el aire, las empresas deben incluir medidas de eliminación de olores e higiene del aire que eviten de forma eficaz la presencia de estos patógenos en espacios cerrados.

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Higiene de superficies

Las bacterias y los virus pueden sobrevivir durante días sobre las superficies en las que se depositan, acumulándose durante días. En los lavabos hay muchas superficies que las personas tocan y pueden actuar como medio de contagio de microorganismos infecciosos.

Dentro del cubículo

Las superficies del interior de los cubículos reciben la mayor parte de las gotas de agua que salen despedidas de los váteres al tirar de la cadena.

Una de las medidas más simples y eficaces es animar a los usuarios a cerrar la tapa antes de tirar de la cadena, además de no portar objetos personales en el interior del cubículo. También se puede combatir la contaminación con el uso de bacteriostáticos, tanto en inodoros como en urinarios, y mediante una rutina de limpieza regular de las superficies. 

Fuera del cubículo

Al salir del cubículo, los usuarios de los aseos pueden contaminar otras superficies al lavarse y secarse las manos. Un estudio en 4.800 superficies de oficinas reveló que los porcentajes de microbios más altos se encontraban en los grifos de los lavabos, con un 75% de ellos clasificados como “sucios”. Para prevenir la contaminación en estos puntos, las empresas pueden instalar grifos y dispensadores automáticos que no dependen del contacto para activarse.

Las propias personas también son fuentes de contaminación. Las gotas de mucosidad y saliva procedentes de la tos, los estornudos o al hablar se comportan de la misma manera que las gotas que salpican de un váter y pueden transportar microorganismos del sistema respiratorio a todas las superficies de los lavabos mencionadas anteriormente. Los programas de limpieza de aseos deben incluir la limpieza de dichas superficies con sprays y soluciones antibacterianas. 

Por otro lado, la ropa, el calzado y los objetos personales pueden transportar el polvo y la suciedad que contienen bacterias, virus, esporas de hongos y polen del exterior a los aseos y otras zonas del edificio. Estos elementos pueden abordarse en los puntos de entrada con alfombras de suelo que pueden eliminar una gran proporción de patógenos. 

Los objetos personales, como bolsos, pueden ser fuentes de contaminación cruzada al pasar del suelo del cubículo o del gancho de la puerta a la encimera del lavabo, a la mesa de trabajo o incluso a los hogares de los individuos. Las empresas deben animar a los usuarios a no llevar estos objetos al baño o a limpiarlos regularmente para evitar la contaminación cruzada.

Higiene de manos

La higiene de las manos es una de las medidas más extendidas para prevenir la propagación de enfermedades infecciosas. Está estrechamente ligada a la higiene de superficies en los lavabos, ya que las manos tocan muchas superficies para hacer uso de las instalaciones. 

Mantener la higiene de las manos requiere unos buenos hábitos de higiene personal, una rutina de limpieza regular de los lavabos y unas instalaciones debidamente equipadas para que los usuarios se laven y sequen las manos de forma higiénica. 

Los usuarios de los lavabos ya portan microbios en la piel, sin embargo, la cantidad se puede multiplicar al visitar los aseos. Lavarse las manos con jabón durante al menos 20 segundos es la mejor manera de eliminar bacterias y virus. El efecto del aclarado tiene mayor impacto a la hora de eliminar los virus, ya que son más resistentes que las bacterias. 

Las empresas pueden considerar la opción de ofrecer a los usuarios la posibilidad de desinfectar las manos después de lavarlas y secarlas. Estudios realizados en EE.UU. han demostrado que el uso regular de desinfectantes de manos redujo en un 30 a un 40% las enfermedades respiratorias y gastrointestinales en habitaciones de residencias universitarias, en una base del ejército estadounidense y en una oficina.

Además, existen otros factores del diseño de los lavabos pueden contribuir a mejorar la higiene de las manos de los usuarios.

Por ejemplo, el uso de dispositivos automáticos siempre que sea posible, proteger el papel higiénico y las toallas de papel de la contaminación del aire y de las manos utilizando dispensadores antibacterianos, suministrar jabón antibacteriano e higienizadores de manos para una mayor protección.

También se pueden instalar cubiertas para pomos o soluciones para poder abrir las puertas con las piernas que pueden evitar la recontaminación de otras partes del aseo cuando los usuarios salen.

Los sistemas inteligentes de higiene para los aseos utilizan datos y análisis para optimizar las frecuencias de limpieza, ya que son capaces de indicar cuándo se están agotando los consumibles y qué cubículos se han utilizado con mayor frecuencia. De esta manera, el personal de limpieza puede predecir con exactitud cuándo hay que rellenar y limpiar en función del uso real y de las horas de actividad previstas, en lugar de hacerlo a intervalos fijos. Esto ayuda a reducir la frecuencia de limpieza, ahorra tiempo y reduce costes.

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Un enfoque global sobre la higiene

La prevención de las infecciones en los baños depende de un enfoque integrado de la higiene, utilizando una combinación de medidas de higiene del aire, superficies y de manos para romper la cadena de transmisión de infecciones. Existe una amplia gama de soluciones para proteger cada zona de riesgo y ayudarte a detener la propagación de patógenos.  Entre ellas se encuentran:

Higiene del baño

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